Más allá de las playas: el potencial del golf en República Dominicana

Más allá de las playas: el potencial del golf en República Dominicana

Cuando se piensa en República Dominicana como destino turístico, las playas, los complejos hoteleros y el clima tropical suelen ocupar el primer lugar. Pero hay otra experiencia que puede contribuir a ampliar esa imagen en el exterior: el golf.

A diferencia de otras actividades que forman parte de las vacaciones, el golf puede convertirse en el motivo principal de un viaje. Hay visitantes que eligen dónde alojarse según los campos disponibles, organizan sus itinerarios alrededor de una partida y aprovechan su estancia para conocer la gastronomía, los servicios y otros atractivos del destino.

Esa relación entre deporte y turismo abre una oportunidad para República Dominicana: diversificar las razones por las que un visitante extranjero decide llegar al país.

La cuestión no consiste únicamente en disponer de instalaciones para practicarlo, sino en convertirlas en parte de una propuesta turística capaz de competir en un mercado internacional.

Un destino que busca ampliar su atractivo

El desarrollo del turismo de golf exige mirar más allá de los recorridos y las instalaciones deportivas. La experiencia comienza con la elección del destino y continúa con el alojamiento, el transporte, la gastronomía y las actividades que el visitante puede realizar durante su estancia.

En ese recorrido intervienen distintos actores económicos. Por eso, el interés de este segmento no se limita a la actividad que se desarrolla en el campo: también puede extenderse a empresas y servicios que forman parte de la cadena turística.

Gonzalo Pan de Soraluce, director global de Golf de la división de Real Estate & Golf de Piñero, ha señalado precisamente el alcance económico de esta actividad. Según explicó, aproximadamente el 25 % del gasto de estos visitantes corresponde directamente al golf, mientras que el 75 % restante se distribuye en otros componentes de la economía local.

La proporción que cita el ejecutivo apunta a una cuestión relevante para el país: el valor de atraer a un visitante no está solamente en la actividad que lo motiva a viajar, sino también en todo lo que consume una vez que llega al destino.

Playas
Gonzalo Pan de Soraluce, director global de Golf de la división de Real Estate & Golf de Piñero

La competencia va más allá de tener buenos campos

El potencial del turismo de golf no garantiza, por sí mismo, que un destino consiga una posición destacada en el mercado internacional. Para lograrlo, necesita combinar instalaciones adecuadas con servicios, conectividad, promoción y una experiencia que motive al visitante a regresar.

Estados Unidos representa uno de los mercados de interés para este segmento. Pan de Soraluce citó una cifra superior a los 30 millones de golfistas en ese país, un público potencial para los destinos que buscan atraer viajeros interesados en este deporte.

Sin embargo, convertir ese mercado potencial en visitantes reales requiere una estrategia sostenida. La infraestructura es una parte de la propuesta; la capacidad de comunicar el destino, facilitar el viaje y ofrecer una experiencia satisfactoria también cuenta.

Para República Dominicana, esto plantea una oportunidad y, al mismo tiempo, un desafío: aprovechar sus fortalezas turísticas para desarrollar una oferta de golf reconocible en el exterior, sin dar por hecho que la atención internacional se traduce automáticamente en resultados.

PGA TOUR Americas: torneos como punto de partida

Las competencias internacionales pueden ayudar a que un destino entre en el radar de jugadores, profesionales y personas vinculadas con la industria. También ofrecen una oportunidad para mostrar sus instalaciones y su capacidad organizativa ante una audiencia relacionada con el deporte.

La celebración de la final del PGA TOUR Americas en PGA Ocean’s 4, en Playa Nueva Romana, se inscribe en ese contexto. Más allá del resultado deportivo, el evento permitió situar una instalación dominicana dentro de un circuito internacional y mostrar parte de la oferta disponible para este segmento.

Gonzalo Pan de Soraluce, considera que el valor de esta actividad no se limita a lo que ocurre dentro del campo. Su impacto puede extenderse a hoteles, restaurantes, transporte y otros servicios que forman parte de la experiencia del visitante.

El desafío está en lo que ocurre después. Un torneo puede generar exposición, pero consolidar una presencia turística requiere continuidad, promoción y capacidad para transformar ese interés en viajes y estancias.

En otras palabras, el valor de una competencia no se mide únicamente por los días que dura, sino también por las oportunidades que puede ayudar a construir a largo plazo.

El golf ofrece a República Dominicana una vía para diversificar su propuesta turística y conectar el deporte con otros sectores de la economía. Pero aprovechar esa posibilidad supone pasar de contar con instalaciones y celebrar eventos a desarrollar una estrategia que permita atraer visitantes de manera sostenida.

También implica evaluar los resultados: quiénes llegan, cuánto tiempo permanecen, qué servicios utilizan y qué beneficios genera su presencia en los negocios locales.

El país no necesita presentar el golf como sustituto de su oferta tradicional, sino como una experiencia complementaria que puede ampliar su atractivo ante nuevos públicos.

La oportunidad, por tanto, no está únicamente en atraer a quienes ya juegan, sino en construir una propuesta turística capaz de integrar el deporte con todo lo que hace de República Dominicana un destino para visitar.

Ese es el paso que puede convertir la visibilidad internacional en una oportunidad de mayor alcance.